Me asomo a la ventana del mundo y no puedo ver nada. Los cristales están empañados y sucios de tanta mierda, corrupción, desánimo y despotismo integral. Por mucho que quiera ver, las capas y capas de apestosos acontecimientos económicos, sociales, políticos y culturales llenan la fina capa que separa mi realidad del mundo, a través de un delgado y frágil cristal barato llamado España. No hay nada que hacer, pienso.

No dejes que la suciedad del cristal empañe tu visión de ver un futuro mejor

Me hundo en la miseria de los pensamientos “negativistas” y podridos que han invadido mi realidad en los últimos años. Muero en mí, día a día, mientras lamento el rumbo que ha cogido nuestro planeta, mi país, mi comunidad, mi pueblo. No sabría definir en qué momento y porqué razón decido emigrar, perderme de todo este cubo de basura que apesta nuestro caminar y decido saltar el charco para asentarme en Miami, en búsqueda del dorado por el que tantos aventureros lucharon, asesinaron y saquearon. Pero el 1532 pasó, con las desafortunadas consecuencias que causó la búsqueda del preciado metal. Al fin y al cabo, pienso, el valor de las cosas se lo ponemos nosotros y para mí el oro no es más importante que un cubo de pirita o un tetraedro de cuarzo.

A mí no me va mal, pienso, con una sospechosa duda. Pero veo a mis hermanos, amigos, familiares y vecinos sufriendo e inmersos en el clímax de la desmotivación y del desamparo social.  Veo empresarios cutres y oportunistas, sin visión que estrujan al empleado hasta la extenuación sin valorar al profesional. Veo a trabajadores apáticos e improductivos que adormecen en su lecho laboral. Veo políticos ineptos y perdidos que se aferran al poder que mantiene viva su avaricia. Veo a banqueros despiadados y oportunistas que chupan la sangre de los más débiles. He visto cosas que no os las creeríais, he visto corrupción, he visto muerte, he visto dolor, he visto sufrir a mis seres queridos por la incompetencia de una administración inútil y caduca. Y comienzo a vomitar emociones enraizadas durante estos años, podridos y fermentados pensamientos de impotencia brotan por mi garganta hasta que desaparecen al aceptar la cruda realidad. Y en un atisbar de luz, de esperanza y de coraje fluye la energía necesaria para luchar y para bloquear las cortinas de humo que nos dirigen como a borregos al redil.

Podréis quitarme mi casa, pero no robaréis mi hogar. Podréis robarme el dinero, pero no mi capacidad para trabajar. Podréis quitarme la sanidad, pero no mi salud, incluso podréis aplastar la cultura, pero nunca perderé mi educación. Pero por mucho que me quitéis, jamás, jamás, jamás podréis adueñaros de mis sueños. Mis sueños de crear un mundo mejor, unos jóvenes con ilusión, familias felices y una economía empresarial basada en personas, no en el dinero. Porque ¿Sabéis?, también veo profesionales capaces, nuevos empresarios con visiones diferentes, veo personas cualificadas y jóvenes preparados para liderar un nuevo proyecto de sociedad.

No voy a huir, me quedo, porque en España, es cierto que no hay empleo, pero hay mucho trabajo que hacer. Tenemos que recuperar nuestro motor principal, nuestro combustible anabolizante y ecológico, la MOTIVACIÓN. Hemos de recuperar el sol que ilumina el plan estratégico de nuestra vida. Tenemos que convertirnos en la quimioterapia que destruya el cáncer de la sociedad corrupta actual. No basta con querer cambiar el sistema, no sirve sólo con gritar basta, hemos de ser nosotros los que cambiemos internamente, desde la individualidad a la colectividad.

La ventana de los sueños

El poder lo tenemos nosotros, porque somos lo bastante fuertes como para hacer girar el rumbo de nuestra historia. No creo en los superhéroes que puedan solucionar los problemas de los demás, creo en los superhéroes que son capaces de salvarse a ellos mismos y en consonancia servir de ejemplo para los demás. Y aunque no tengo una varita mágica para resolver los problemas, te ayudaré a que puedas limpiar la suciedad de tu ventana, a quitar la mugre que impide que entre la luz y la claridad del sol. Llámale como le quieras llamar, porque lo importante no es el nombre que le das a la herramienta sino a que ésta sea efectiva. Sigo construyendo mis sueños con el cemento de la realidad y el ladrillo de la motivación, ¿Lo hacemos juntos?

“No dejes que la suciedad del cristal, empañe tu visión de ver un futuro mejor”

 Saludos,  Juan de Dios  Salinas

0
Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *