Pasar página

Pasar página

PASAR PÁGINA

Un nuevo año suele ser un nuevo ciclo, aunque claro para pasar de página no es necesario que sea justamente un uno de enero, ¿no crees? Pasar de página no es malo. A veces, incluso, es necesario hacer “borrón y cuenta nueva” o un “reset” de nuestra vida. Muchas son las personas que deciden pasar de página y arrastrar con ello páginas llenas de personajes que no tendrían que salir de nuestra historia personal. Nuestra vida, no es ni más ni menos que una novela que está plagada de capítulos de aventuras y desventuras, de aprendizajes y de re-aprendizajes, de amor y de miedos.

Nuestra vida somos nosotros y nuestras circunstancias, y aunque no podamos controlar todas las circunstancias, sí que tenemos un alto porcentaje de responsabilidad para actuar de manera inteligente y controlar la actitud con la que nos vamos a enfrentar a esas circunstancias. Tú eres dueño de tu destino, por lo tanto eres el responsable de todas y cada una de las acciones que lleves a cabo para lograr que ese destino sea el que realmente deseas.

A veces cuando las relaciones se rompen, decimos, “pasamos página” y en ese pasar de página arrastramos a personajes de nuestra vida que no deberían salir de ella. Por ejemplo si rompemos una amistad con un integrante de nuestro grupo de amigos, no deberíamos hacerlo con todo el grupo en cuestión. Si rompemos una relación de pareja, tampoco tendríamos por qué hacerlo con todo el ámbito de esa pareja.

Podemos pasar página desde nuestros tres estados del YO. El Padre o nuestro yo dictatorial, el Adulto o nuestro yo reflexivo y calculador o el Niño, nuestro yo impulsivo y emocional.

Si pensamos como Padre, nos hablaríamos a nosotros mismos con el mismo lenguaje aprendido de nuestros padres o personas que nos hayan educado. Entraríamos de lleno en los deberíamos, en los qué dirán y en los modelos basados en nuestra propia educación. El Adulto nos diría, “eso no está bien, ¿qué va a decir la gente si rompes esa amistad o relación?” o por el contrarío nos diría, “¡ya era hora, mucho has tardado en hacerlo!”

Si nos hablamos como Adulto, el lenguaje cambia significativamente respecto al anterior patrón de comportamiento. El adulto está carente de sentimientos y emociones, eso se lo dejamos al niño. La conversación con nuestro adulto sería un claro análisis de la situación valorando todas las opciones y todas las consecuencias que produciría tal ruptura. El diálogo sería muy racional y analítico, nos diríamos algo como: “Por el hecho que rompa mi amistad con una determinada persona, no debería dejar de lado a otras personas que me suman. Si decido sacar de mi vida a alguien en particular, por los motivos que fueren, no tengo que romper también mi relación con las personas que me suman y me aportan otros valores o beneficios.”

Si pensamos como el Niño nos diríamos “a la mierda con todo”, “que le den” y acabamos con todo lo relacionado con esa situación. Nos enfadamos con el mundo y nos sentimos víctimas de nuestras circunstancias y actuamos de manera impulsiva y emocional. Las emociones nos invaden y nos manejan a su antojo. Nos encerramos en nosotros mismos y esperamos a que vengan a consolarnos. ¿Os suena esta actitud?

Comprender el funcionamiento de nuestro dialogo interno, es avanzar hacia la mejor relación con nosotros mismos y con los demás protagonistas de nuestra novela.

Por eso digo que “lo importante no es pasar página, lo importante es saber qué página tienes que pasar”. Pasa páginas de experiencias, circunstancias, o personas que te debiliten, que te resten, que te hagan sentir mal, pero analiza y controla tus estados anímicos, y por ende, tus emociones, para que no arranques páginas con personajes que puedan sumar, que puedan nutrirte y llenarte de vida e ilusión. Personas, en definitiva, que te ayuden a avanzar y a crecer.

¡Feliz pasada de página!

#CosasDeJuande

Juan de Dios Salinas

pasar página

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*