¡Te echo tanto de menos!

¡Te echo tanto de menos!

Te echo tanto de menos.

No te puedes imaginar cuánto te echo de menos. Hace años comenzamos una preciosa aventura, de la que aún recuerdo nuestros preciosos momentos que vivimos juntos.

Recuerdo aquel tiempo en el que no nos importaba lo que decían de nosotros. Éramos los amos, los más molones, los que se iban a comer el mundo.

Aún me acuerdo aquel día que fuimos a ver la primera película en un cine de verdad y esa preciosa sensación de compartir las palomitas. Después de tantos años me viene a la memoria las veces que nos perdíamos en el campo investigando rutas secretas y buscando animales para estudiarlos. Escalábamos montañas y buscábamos el peligro bajando por riscos y barrancos en busca de aventuras.

Echo de menos las caricias, los mimos y esos secretos compartidos. Echo de menos esas noches de verano, esos olores a jazmín y buganvilla que embriagaban nuestro camping de verano.

En mi memoria aún perdura cada cumpleaños que vivimos juntos, las navidades en familia, nuestro primer viaje en tren, nuestra primera acampada al aire libre.

¡Te echo tanto de menos! Te echo tanto de menos, que aún me duele estar tan distante de ti. No soy capaz de recordar el momento en el que decidimos separarnos, pero hoy me he dado cuenta de lo que te echo de menos. Mi vida sin ti no tiene sentido, es un lastre, una pesadilla en un mundo de adultos incomprensible. Quiero volver a pisar los charcos, a disfrutar de un día en el campo, a emocionarme viendo una simple mariposa aleteando el aire, a reírme de todo.

El niño interior

¡Te echo tanto de menos! Y me gustaría poder contarte tantas cosas que me están pasando. Me gustaría olvidar y recordar, ir y venir, emocionarme y apaciguar mis emociones. Quiero conmoverme con una hoja de papel, unas tijeras, pegamento y la idea de hacer una casa de papel o un avión que surque el infinito que existe desde nuestra venta al suelo de la calle.

Te echo tanto de menos que daría mi vida por volver a estar junto a ti. ¿Qué nos ocurrió?

¿Sabes una cosa? Estoy dispuesto a buscarte y a traerte de vuelta conmigo, porque me he dado cuenta que no puedo vivir sin ti. Quiero que volvamos a vivir juntos, a ser los niños que éramos, a sonreír a todo, a no preocuparnos del futuro y vivir nada más que el presente. Quiero que no volvamos a pasar miedo.

Hoy te escribo esta carta porque sé que lees lo que escribo, escuchas lo que digo, ves lo que hago y te emocionas con lo que siento.

Aquí estoy esperándote, a que vuelvas de nuevo y podamos ver la vida con los ojos de la inocencia de un niño, ¡porque te echo tanto de menos!

Carta a mi niño interior, ese que me ha dado tan buenos momentos.

Juan de Dios Salinas

Derechos Fotografía Flikr: Multisanti

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