Un saboteador dentro de mí

Un día cualquiera, en una ciudad cualquiera, Sofie, por poner un nombre cualquiera, se levantó temprano para trabajar y enfocarse en un proyecto que tenía que presentar.

Muy ilusionada, Sofie se dispuso a encender su ordenador y comenzar el proyecto por el que llevaba años soñando. Sofie era una inquieta y nerviosa mujer que le apasionaba el mundo de la moda, pero siempre había trabajado de contable en la empresa familiar. Un día, uno de los clientes que frecuentaba la empresa donde Sofie trabajaba, le propuso que podría ser la cabeza visible de un gran proyecto de moda que llevaba años gestándose por parte de este cliente. Cuando le propusieron dirigir el proyecto de moda, Sofie estaba entusiasmada y pletórica, ya que ese había sido siempre el sueño de su vida. Trabajar en el mundo de la moda.

Nada más comenzar a plantearse cómo podría llevarse a cabo el proyecto, Sofie tuvo una conversación con su cotorra.

¿Y vas a dejar la empresa familiar por este proyecto?, le insinuó su cotorra.

Claro, es la oportunidad que llevo esperando desde hace mucho tiempo. – Afirmó Sofie

¿Y vas a dar la talla?, nunca has trabajado en el mundo de la moda. Seguro que empiezas a trabajar y el proyecto fracasa antes de los primeros seis meses.

Claro que voy a poder hacerlo. He criado a mi hija sola sin necesidad de ayuda y este proyecto es más fácil que la crianza de una hija. – Insistió Sofie con un tono sutilmente agresivo.

Sofie, ignorando a su cotorra, continuó escribiendo datos  en su hoja de cálculo mientras tomaba con su mano libre una taza de café que dispuso antes de sentarse a trabajar. El café le daba la energía para afrontar el día con más vitalidad. De repente como por sorpresa, le inundó una extraña sensación de angustia y sobresalto. Una imagen de su padre el primer día que entró a trabajar en la empresa familiar. Sofie, estaba sentada en un lateral de la mesa del consejo de administración mientras su padre, propietario de la empresa, comunicaba a sus directivos la noticia que su hija entraría en el departamento contable para, en un futuro, hacerse cargo de la empresa.

De nuevo la cotorra le exclamó a Sofie. – Pobre de tu padre, cuando se entere que vas a dejar la empresa por un proyecto de moda. Seguro que no va a encajar bien la noticia. Es más, muy probablemente al enterase entre en cólera y  se va a enfadar contigo. ¡Había puesto tantas esperanzas en ti!

Un gesto mezcla de tristeza y angustia regó el rostro de Sofie y le hizo replantearse la situación.

De repente un tercer actor entra en escena, el gato de Sofie. Era un gato bonachón y bien educado de  pelo gris y una larga cola juguetona. – Sofie, no le hagas caso a la cotorra. Trabajar en el mundo de la moda es la ilusión de tu vida. ¿Las vas a desaprovechar?

¡Cállate gato estúpido!, – le increpó la cotorra. Tú y tu optimismo juguetón van a acabar con Sofie. Ella debe hacer caso a su padre que para eso la educó. A su padre no se le puede contrariar, es la máxima autoridad.

El gato se enroscaba entre los pies de Sofie mientras ignoraba la advertencia de la cotorra, y mirándole a los ojos a Sofie le maulló. – Querida Sofie, tu padre te quiere, te ama. Habla con él y plantéale la situación. Dile que por tomar esa decisión no vas a dejar de quererle. Plantéale que es la ilusión de tu vida y que no eres feliz en tu puesto de trabajo actual. Además tú eres buena en el mundo de la moda y lo sabes. Recuerda que el tren pasa muchas veces por la puerta, pero cada vez con pasajeros distintos. Es posible que esta sea la oportunidad de tu vida, ¿vas a dejar escapar el tren con el proyecto que te apasiona?

El Cortisol, hormona producida en situaciones de estrés, comenzó a recorrer el cuerpo de Sofie. ¿Qué hago? – se preguntó Sofie. Y mientras mantenía largas conversaciones con su cotorra y su gato, un silbido producido por la locomotora del tren, la despertó de su sueño mientras observaba a través de su ventana cómo el tren se alejaba en el horizonte, en busca de otra persona que quisiera aprovechar uno de sus asientos vacíos.

¿Qué te ha parecido la historia de Sofie? ¿Te suena de algo?

Saboteador Interno

Todos y cada uno de nosotros tenemos un saboteador interno. Esa maldita cotorra que cada día nos ofrece la peor versión de nuestra vida, nuestros miedos, nuestras debilidades. Ese saboteador es nuestra más grande pesadilla, un monstruo que nos frena en nuestro avanzar.

La buena noticia es que, como en toda ley de la selva, hay un depredador para cada presa. Y en ésta, nuestra fauna, disponemos de nuestro gato. El gato es nuestra propia capacidad de poner pasión en todo lo que hacemos, nuestras fortalezas, nuestro niño interior.  La cotorra es nuestro juez, nuestros deberías, nuestro propio sistema judicial que nos encarcela en la prisión de la mente. Este conflicto nos ocasiona un gran nivel de ansiedad que puede terminar en una enfermedad e incluso la muerte en vida. Conozco a mucha gente que murió a los 40 y lo enterraron a los 60 años.

De ti depende interceder en el dialogo entre estos dos animales y permitir que la cotorra deje de hablar constantemente. Medita y practica las herramientas que dejen tu mente en blanco. La cotorra se alimenta exclusivamente de tu atención, de tus pensamientos. El gato se alimenta de tu pasión y ganas por prosperar. Permítete identificar estas conversaciones internas y toma conciencia de ellas.

Pero, ¿qué animal ganará en esta guerra de dialogo interno?

Muy sencillo. Aquel que alimentes con tus propios pensamientos.

Juan de Dios Salinas

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Comments
  1. Jorge Aguilera dice:

    Amigo Juande, lo primero darte las gracias y la enhorabuena por compartir con todos nosotros tus interesantes experiencias en un blog tan chulo 😉
    Me gustaría añadir en mi humilde opinión que las carreras ciegan a sus participantes. Como en el camino de la vida, nos cegamos y solo vemos la meta, nada más, parecemos burros que solo pueden mirar hacia una dirección porque las anteojeras no les permiten contemplar la plenitud que les rodea.
    Para mí el deporte son historias de superación personal en lugar de competiciones para sobrepasar y pisotear rivales, aunque desgraciadamente los dioses del Olimpo se empeñan en vendernos el deporte como lo segundo a “traganudos” para poder permitirse el lujo de comprar nuestra a alma a un precio irrisorio.
    Resumiendo, opino que llegaste a lo más alto del podium porque fuiste capaz de superarte y superar todos los miedos y barreras que fueron surgiendo en tu senda.
    Enhorabuena machine! A seguir disfrutando y aportando valor con tus lecciones de vida.
    Un abrizo

    1. admin dice:

      Jorge, muchas gracias por tu comentario. Lo cierto es que corro para superar mis propios miedos y para tener una disciplina. El deporte te ayuda, no sólo a estar en forma, sino a trabajar interiormente. Subo al cajón cada vez que saco conclusiones de mis experiencias, como tú muy bien dices, ya soy ganador, ganador de experiencias. Gracias por estar siempre presente en muchas de ellas. Un abrazo machine!!!

  2. Antonio Aguilera dice:

    Juande, si después de una paliza, tienes ganas de recordarla tan expresivamente, es que tienes gana de la próxima y eso es buena señal.
    Gracias por transmitirnos tu forma de ver la carrera

    1. admin dice:

      Antonio, muchas gracias a ti por ser un referente y un gran narrador gráfico de nuestro deporte en Pedales de Granada. Lo de quedarme con ganas de otra, me suele ocurrir después de una buena ducha y reponer los hidratos perdidos, así que seguiremos trabajando en ello. Aunque también te digo, que no descarto en absoluto, tu propuesta de tumbarme bajo un árbol para hacer fotos en vez de correr una carrera. Un abrazo:)

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